FÁBULAS/VALORES
Me gustaría que después de leerla y antes de ver la moraleja penséis que mensaje nos manda este cuento.
Otras ideas para trabajar la expresión escrita y oral :
- Podéis resumir esta fábula, contarla a vuestros familiares y hacer un dibujo del cuento si os apetece.
UN BESITO MUY GRANDE!!!😘😘
EMMA
La niña y el acróbata
Adaptación
de la antigua fábula de la India
Hace muchos años vivía en la India una niña huérfana
de padre y madre. Era una chiquilla preciosa, de carita redonda y ojos
almendrados del color de la miel. Sus dientes parecían copos de nieve y tenía
el cabello ondulado y negro como el azabache. Además de bonita, era bondadosa y
muy sensata para sus cinco años de edad.
Desde que tenía uso de razón vivía en un orfanato y se
pasaba el día soñando con encontrar una familia. Pensaba que nunca llegaría ese
momento, pero un día, pasó por su pueblo un acróbata y decidió adoptarla.
¡Qué contenta se puso! Metió lo poco que tenía en una
maletita de piel y se fue con su nuevo padre a vivir una vida muy diferente
lejos de allí. El buen hombre la acogió con cariño y la trató como a una
verdadera hija.
Desde el día que sus vidas se cruzaron, fueron de aquí
para allá recorriendo el país porque se ganaban la vida representando un
fantástico número de circo. Siempre juntos y de la mano, caminaban varios
kilómetros diarios. Cuando llegaban a una ciudad, se situaban en el centro de
la plaza principal y hacían lo siguiente: el hombre colocaba un palo mirando al
cielo sobre su nuca, soltaba las manos, y la pequeña trepaba y trepaba hasta la
punta del palo. Una vez arriba, saludaba al público haciendo una suave
reverencia con la cabeza.
A su alrededor siempre se arremolinaban un montón de
personas que se quedaban pasmadas ante aquel acróbata, quieto como una estatua
de cera, que sostenía a una niña en lo alto de una vara sin perder el
equilibrio ¡Más de uno se tapaba los ojos y giraba la cabeza de la
impresión que le causaba!
Sí, el espectáculo era genial ¡pero también muy
arriesgado! : un solo fallo y la niña podría caerse sin remedio desde
tres metros sobre el suelo. Al terminar, todos los presentes aplaudían
entusiasmados y respiraban tranquilos al ver que pisaba tierra firme, sana y
salva.
Casi nadie se iba sin dejar unas monedas en el
cestillo. En cuanto se quedaban a solas, contaban las ganancias, compraban
comida y, después de una siesta, recogían los petates y tomaban el camino a la
siguiente población.
A pesar de que ya tenían mucha práctica y se sabían el
número al dedillo, el acróbata siempre se sentía intranquilo por si
uno de los dos cometía un error y la actuación acababa en tragedia. Un día, le
dijo a la niña:
– He pensado que para evitar un accidente, lo mejor es
que cuando hagamos el número, tú estés pendiente de mí y yo de ti ¿Qué te
parece? ¡Me da miedo que te caigas del palo y te hagas daño! Si tú vigilas lo
que yo hago y yo te vigilo a ti, será mucho mejor.
La niña reflexionó sobre estas palabras y mirándole
con ternura, le respondió:
– No, padre, eso no es así. Yo me ocuparé de mí misma
y tú de ti mismo, pues la única forma de evitar una catástrofe, es que cada uno
esté pendiente de lo suyo. Tú procura hacer bien tu trabajo, que yo haré bien
el mío.
El acróbata sonrió y le dio un beso en la mejilla ¡Se
sintió muy afortunado por tener una hija tan prudente y capaz de asumir sus
responsabilidades!
Y así fue cómo, durante muchos años, continuaron
alegrando la vida a la gente con sus acrobacias. Como era de esperar, jamás
ocurrió ningún percance.
Moraleja: En la vida es genial contar con los demás, pero
antes de nada, tenemos que aprender a cuidarnos a nosotros mismos y a ser
responsables con nuestras tareas. Si te esfuerzas cada día por mejorar, por
vencer tus propios miedos y por hacer bien las cosas, llegarás lejos y te
sentirás orgulloso de tus logros.